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El Descubrimiento de lo Descubierto

En los Estados Unidos comienza un ambicioso proyecto que es llamado "The Yale Peruvian Expedición", auspiciada por la Universidad de Yale, con un capital de 5 11, 825 dólares que entre sus objetivos tiene el determinar la altura de la Montaña Coropuna, investigación del lago Parinacochas, reconocer el meridiano 73° a 72° en los andes peruanos y realizar una expedición para registrar la topografía y "ruinas" del valle de Urubamba, Cusco.

Esperando al resto de sus compañeros, Bingham aprovechó su estadía en Lima y solicitó una entrevista con el Presidente peruano Augusto B. Leguía, quien quedó impresionado con sus credenciales y le asignó una escolta militar durante sus exploraciones, principalmente al nevado Coropuna.

Además, recibió información de las tierras a visitar, uno de ellos que le propor­cionó fue el Dr. Max Uhle, alemán, Director del Museo Peruano de Historia Natural, considerado uno de los primeros en utilizar métodos científicos en la arqueología peruana.

Entre los más reconocidos expertos visitados por Hiram Bingham, estuvo Don Carlos A. Romero, asociado a la Biblioteca Nacional, quien a decir de Hiram Bingham, es la per­sona que más sabía a cerca de Vilcabamba, legendario sitio donde los Incas mantu­vieron su último refugio del gran Imperio Inca, localizar esta última ciudad fue uno de los principales objetivos de Hiram Bingham.

La aventura o empresa comienza cuando el Dr. Alberto A. Giesecke, Rector de la Universidad Nacional del Cusco, muy atento con su compatriota, corroboró los datos sobre una ciudadela (aún hoy se le llama así peyorativamente a lo que es una gran ciudad). Giesecke le comentó que él, hace unos meses, en uno de sus viajes, estuvo en esta zona visitando la hacienda de Echarati, durante los siete días que duró el viaje, el Dr. Giesecke preguntaba continuamente por las "ruinas Incas" las mismas que decían que se encontraban tapadas por bosques frondosos, en uno de estos sitios el Sr. Diputado Braulio Polo le mostró un cerro llamado Machupicchu indicando que allí había "ruinas", por la intensa lluvia escribe: ..."nos alojamos en Mandar donde el guardián Arteaga nos confirmó ese mismo dato pues tenía un terreno de cidtivo cerca de las cumbres"; dentro de un año Bingham descubriría la maravillosa ciudad de Machupicchu.

Giesecke le indicó que hay un camino de arrieros que lo conduce, al Valle Saqrado de los Incas donde hay muchos pueblos, lugares dónde acampar, autoridades  políticas, haciendas y hacendados que visitar, dónde contratar guías, arrieros y porteadores, así como lugares dónde comprar caballos y mulas con las que bajaría por la vera del río Vilcanota hasta llegar a la zona llamada San Miguel, donde contactaría con un residente que tiene una parcela muy cerca de estas "ruinas",quizá por estas razones algunos consideran al Dr., Giesecke como co-descubridor de Machupicchu, dados sus valiosos aportes.

Los primeros días de julio de 1911, la expedición se pone en camino hacia Urubambá. La guardia armada estuvo a cargo del Sargento Carrasco quien hablaba y hacía de traductor del quechua, lengua de los Incas y de sus descendientes, además de un soldado apellidado Farfán. Bingham tenía la seguridad de grandes descubrimientos, principalmente en el Valle de Vilcabamba donde estaría "Víteos", última capital de los Incas que daría mayor éxito a la expedición.

Las mulas las adquirieron en Yucay y de allí continuaron por el Valle Sagrado, Hiran Bingham pidió información y ayuda al Sub-prefecto de Urubambá, quien confirma la ubicación de la Ciudad, a unas diez horas a lomo de muía, donde debería iniciar el ascenso al cerro Huaynapicchu, y el Sub Prefecto menciona que son mejores que Choquequirao (última Ciudad del Inca Manco, descubierta años antes) aludiendo que él ya sabía o conocía de Machupicchu, el camino fue fácil, pues existía la senda de arrieros, construida unos años antes, que es amplia y muy frecuentada; este camino conduce a los ricos valles selváticos de la Provincia de la Convención.

El 20 de julio arribaron a Ollantaytambo, famoso poblado Inca, que se mantuvo intacto muchos años después de la conquista, examinaron y fotografiaron las "ruinas" que habían sido descritas por muchos viajeros, como E. G. Squier; además aquí ubicaron su campamento principal y almacén. En una rápida exploración en las cuevas que se encuentran en las empinadas laderas, pudieron encontrar muchos cráneos y huesos para su estudio.

El 22 de julio, Bingham, Foote, Erving y Carrasco, con sus muías y arrieros se pusieron camino abajo, permanentemente hacían descripciones y tomaban fotografías de los lugares que encontraban, algunos sitios fueron ya descritos por el explorador francés Charles Wiener quien visitó esta zona en los años 1870 -72 y oyó hablar de unas "ruinas" en Huayna Picchu o Machupicchu y trató de encontrarlas, pero no pudo lograrlo debido a que no existía camino por el cañón formado por el río Vilcanota, por lo que tuvo que dar una gran vuelta, pasando por el abra de Panticálla, terminando en el puente de Choquechaca, esto es, aproximadamente cincuenta kilómetros más abajo de Machupicchu.

Bingham, algo más abajo se detuvo a explorar el conjunto de "ruinas" llamado Salapunko que tiene una ubicación estratégica, desde aquí es fácil defender el valle. Sus formas tiene algún símil con los baluartes de "Sacsayhuaman en Cusco" (hoy está muy cerca de la estación de Piscacucho - Kilómetro 52 de la vía férrea) desde aquí el río se pone torrentoso en los meses de noviembre - Febrero.

Visita Torontov, una villa de origen Inca, con una docena de casas en piedra, finamente construida y con amplias zonas de cultivo, después fue lo que se llamaba una pequeña hacienda; aquí ocurrió un desafortunado incidente, un joven porteador cayó y fue llevado por las turbulentas aguas del río Vilcanota, el equipo que portaba, algo dañado, fue encontrado entre unas rocas, pero el cuerpo del muchacho no. Este incidente fue registrado en el diario de "Foote", aunque no en el de Hiram Bingham.

La mañana del 23 de julio, acompañado de su equipo, rápidamente descienden hasta el lugar denomi­nado Mandorpampa, allí conoció al Sr. Melchor Arteaga, agricultor, que además tenía una primitiva taberna para los viajeros, éste le informa sobre las "rui­nas" que se encuentran cruzando el río y en la cima de la montaña y se ofrece a conducirlo allí, ante la pro­mesa de ser retribuido con un sol de plata, equivalen­te a tres salarios diarios de la zona, con lo que Melchor Arteaga sería el primer "funcionario" del monumen­to que cobra por ingreso al recinto.

Llego en Gran Día

La mañana era muy fría, el desarrollo de este día aparece descrito en su prime­ra publicación de abril de 1913 en "Harper’s Magazine" que también fue incluido en su primer libro acerca de sus expediciones peruanas "Inca Land", escrita en 1922, la misma que fue ampliada en el libro "The lost city of de Incas" que apareció en 1948, esto es 37 años después de los hechos, en el que hay omisiones y exageracio­nes, pero no deja de ser uno de los libros clásicos de la literatura sobre exploracio­nes y descubrimientos.

El encuentro con Arteaga no fue casual, los datos entregados por Alberto Giesecke y Alberto Duque fueron correctos, además confirmados por el Sub Pre­fecto de Urubamba que identificó la montaña de Huaynapicchu, como el lugar donde se encontraban las "ruinas", sus dos compañeros de viaje,  Harry Foote y William Erwing, estaban ocupados; el primero, indicó que se dedicaría a la captu­ra de muchas variedades de mariposas y animales que había cerca del río y que personalmente debía hacerlo por lo que no pudo acompañarlo. El cirujano Erwing no pudo subir, pues tenía demasiada ropa para lavar y coser. Por lo que tuvo que realizar el ascenso, acompañado por el Sargento Carrasco y el guía.

El ascenso comienza a pie, no era posible utilizar mulas por la carencia de un puente y lo empinado de las faldas del cerro Huaynapicchu, después de algo de turismo de aventura, debió cruzar el puente descalzo, usando pies y manos, avanzan­do algunos centímetros cada vez, una palizada muy frágil sobre el río Vilcanota, caudaloso, rápido y muy frío, teniendo una lluvia permanente

Cuenta, que la subida no solo fue cansada y tediosa a través de una densa selva, sino peligrosa, por la presencia de muchas víboras. Después de una hora y media llegaron a una cumbre, Bingham calcula que subieron 2000 pies sobre el nivel de río, él y su expedición se ven sorprendidos ante una ciudad en medio de un bosque parcialmente descubierto con áreas de cultivo, aquí no pudieron identificar muchos elementos arquitec­tónicos, pues algunos estaban en medio de una tupida selva, (hoy el recorrido de subida en autobús torna sólo algunos mi­nutos).

Hiram Bingham, hambriento y sediento encuentra a los residentes permanentes, tres familias. Recharte, Alvarez y una más, quienes agradablemente se sorprenden por la visita, le ofrecen agua fresca y deliciosas papas cocidas y lo cubren con un poncho muy suave, Bingham no llevó refrigerio alguno, agradecido por las atenciones toma unas fotos a los residentes en la puerta de sus viviendas, ubicadas en lo que hoy es el hotel de turistas.

Solo fue posible revelar la ciudad, al recorrerla en compañía de Pablito Recharte, un muchacho de ocho años que lo condujo, pronto se unió a ellos el Sargento Carrasco y el grupo comenzó a caminar por la ciudad conforma­da por calles, plazas, viviendas, palacios, canales de agua, todo en granito blanco, exquisitamente tallado, perdidos entre jardines, maizales y áreas de cultivo, algu­nos apenas visibles dentro de una tupida maleza, conformada por árboles de selva, bambúes, liqúenes y las infaltables y peligrosas víboras.

Le llamó la atención, los cientos de andenes y terrazas, muchas de éstas utiliza­das para cultivo, ubicados en la cima de esta montaña, que los residentes llamaban Machupicchu, estos andenes eran utilizados en la siembra de maíz, papas, tomate arbóreo, caña de azúcar, calabazas, camote, yuca, frijoles entre otros productos.

El muchacho los conduce a través de un bosque de bambúes donde ubica una cueva que en su interior habían piedras con talla exquisita, Bingham anota. "Esto no puede ser más que un mausoleo real".., el mismo que se encuentra debajo de un templo con muro semi circular que lo relacionó con el "Qoricancha", el Templo del Sol, que se encuentra en Cusco, pues tiene las mismas características. Templos maravillosos del viejo mundo, anotó.

Después Pablito los guía por una larga escalera de adoquines de granito blanco, hacia, una terraza donde tenían cultivos, aquí anota: "encontré los restos de dos de los edificios más finos e interesantes de América, hechos de granito blanco con bloques de tamaño ciclópeo, más altos que un hombre y que deben pesar unas veinte toneladas cada una" (se refería a lo que llamó después el templo principal), aquí también observa el templo de las tres ventanas y lo identifica para una función claramente ceremonial y vinculada con la leyenda de los tres hermanos Ayar, fundadores del Imperio Inca que salieron de una montaña de tres ventanas.

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